MENTECIRCULAR

Columna de Opinión

Por Paolo Mazza – Fundador de mentecircular

La circularidad suele nacer dentro de la empresa como una convicción. Se hacen pilotos, se mueven algunas métricas, se ajusta el lenguaje. Y, de pronto, todo tropieza en el mismo punto: afuera. Proveedores que no llegan, clientes que no devuelven, recicladores que no cumplen, distribuidores que no ajustan rutas, sistemas que no conversan. La compañía empuja… sola. Y la intención se queda en eso: intención.

La economía lineal permite cierto heroísmo solitario; la circular, no. Sin una red de aliados, la operación no cierra. No es una cuestión de buena voluntad: es de diseño.

Imagine una empresa que decide tratar su envase como un activo que rota. En papel, funciona: el costo por ciclo baja, el riesgo de insumos se reduce, la marca gana legitimidad. En la realidad, el activo “desaparece” en la cadena. El distribuidor no quiere complicarse, el punto de venta no tiene espacio para retornar, el lavado no llega a tiempo, el consumidor no ve beneficio, el ERP no tiene dónde registrar la rotación. El problema no es el envase; es la red que no existe todavía.

Construir esa red no es abrir más procesos internos, sino compartir el negocio. Y compartir el negocio implica compartir datos, márgenes, decisiones e incluso activos. A continuación, algunas piezas que, cuando faltan, explican por qué la circularidad no avanza más allá del PowerPoint.

1) Contratos por desempeño (para todos, no solo para proveedores)

El precio unitario ordena una relación simple; el desempeño por ciclo ordena una relación compleja. En compras, se adjudica por TCO + riesgo; en logística, se paga por retorno y rotación; en retail, por tasa de devolución efectiva y manejo en sala; con recicladores o lavadores, por pérdidas, tiempos y calidad de salida. Cuando el contrato refleja el flujo completo, cada aliado sabe cuál es su parte de la promesa.

2) Incentivos visibles para el cliente, no suposiciones

Devolver no es un acto cívico permanente. Es un intercambio. Depósito reembolsable, beneficios en próxima compra, retiro programado, garantías extendidas, servicio preferente. Sin incentivo claro y cómodo, el retorno no pasa del 40–50% en la mayoría de los contextos. Con incentivo bien diseñado, los números cambian y la red respira.

3) Logística inversa integrada (mover menos, no más)

La red se cae cuando la logística inversa vive en paralelo. Rutas combinadas, microcentros de recirculación cerca del consumo, embalajes que protegen con menos volumen, software que ve ida y vuelta en la misma pantalla. Si el camión vuelve vacío, la circularidad pierde dinero y tiempo. La mitad del éxito está en no mover de más.

4) Datos mínimos comunes y auditables

No “todo el dato”, sino el dato que decide: origen, lote, rotación, tasa de pérdida, tiempos, fallas, calidad de salida. Interoperabilidad con lo existente (ERP/WMS/PLM) y derecho de auditoría simple. Cuando el dato es verificable, la confianza deja de depender de personas y se apoya en hechos.

5) Co-inversión donde tiene sentido

A veces la red no existe porque nadie quiere pagar el primer ladrillo. Lavado, puntos de retorno, recolección urbana, reacondicionamiento: co-invertir con distribuidores, retailers o gestores reduce riesgos y acelera la adopción. La regla es simple: quien mejora su P&L con la nueva estructura aporta a construirla.

Hay escenas reales que ilustran la diferencia entre intención y red:

• Consumo masivo (retorno urbano). Un piloto con depósito reembolsable y tres retailers. En el primero, el retorno se estancó en 42%: caja lenta, espacio mal resuelto, incentivo confuso. En el segundo, 61% con promesa clara y punto de retorno a 3 pasos de caja. En el tercero, 78%: misma promesa, más retiro domiciliario en pedidos online. El envase era igual; la red no.

• Textil (segunda vida). Un programa de reacondicionamiento con talleres locales auditados y acuerdos de recompra. El cuello estaba en clasificación: prenda que entraba mal evaluada salía con costos excesivos. Se resolvió al compartir un estándar simple de decisión (A/B/C) y pagar por calidad de clasificación, no por volumen. Subió la eficiencia; subió el ingreso por recomercialización.

• Electro (reparación con SLA). Servicio externo con tiempos de respuesta variables. Los NPS caían, la devolución subía. Se cambió a contratos con SLA por falla, disponibilidad de repuestos y bonos por reparación exitosa. La red respondió: menos reemplazos, más margen por relación, menos residuos.

La política aparece cuando se reparte el margen. ¿Quién captura qué en un modelo con retorno, lavado, reacondicionamiento y servicio? La única forma de que la red sea estable es mostrar el ciclo completo y negociar con números, no con percepciones. Un ejemplo simple lo explica:

• Con 8 rotaciones promedio, el envase retornable ahorra X en resina y disposición.

• El lavado cuesta Y por ciclo con merma Z.

• El retailer sostiene un punto de retorno y recibe un fee fijo + variable por tasa efectiva.

• La logística usa rutas combinadas; cada devolución evita K kilómetros.

• El cliente recibe su depósito + un beneficio en próxima compra.

Si alguien pierde siempre, la red se rompe. Si todos ganan algo suficiente por rol, la red se vuelve rutina.

La regulación acelera estas conversaciones. En esquemas de responsabilidad extendida, cumplir solos es caro e ineficiente; cooperar baja costo total y riesgo de incumplimiento. Las grandes cadenas ya piden trazabilidad y desempeño circular como criterio. Quien arma la red primero no solo cumple: elige a sus aliados y define estándares.

También hay cultura en juego. Socios que antes solo “vendían” o “compraban” ahora operan juntos. Eso requiere otro tipo de confianza. No la ingenua, sino la de diseño: reglas claras, auditorías razonables, criterios de muerte para excepciones, reuniones cortas con decisiones concretas y un registro vivo de renuncias (lo que ya no se hará). Cuando la red conversa con ese nivel de sobriedad, el ruido baja

¿Qué señales muestran que la circularidad dejó de ser intención y la red ya existe?

• El porcentaje de retorno se estabiliza por encima de un umbral definido (y sube con iteraciones, no con campañas).

• Las pérdidas por rotura o extravío bajan y se reportan sin drama.

• Hay rotaciones de activos que se pueden auditar y deprecian como corresponde.

• Los tiempos de lavado/reparación se cumplen con SLA (Service Level Agreement / Acuerdo de Nivel de Servicio) y penalidades/bonos.

• Las licitaciones o cadenas mejoran puntajes por verificabilidad.

• La relación entre áreas se normaliza: compras habla TCO (Total Cost of Ownership / Costo Total de Propiedad) + riesgo, operaciones mide costo por ciclo, comercial mira valor de vida, finanzas reconoce activos circulares.

Cuando estas cosas pasan, las noticias se vuelven menos espectaculares y más tranquilas. Es el mejor síntoma: la circularidad dejó de ser un proyecto para convertirse en forma de trabajar con otros.

Una red no aparece por decreto; se diseña y se nutre. Los aliados no son “proveedores ampliados” ni “clientes obedientes”: son coprotagonistas de una ecuación que necesita a todos para cerrar. Si la empresa insiste en correr sola, la intención se agotará en presentaciones. Si acepta compartir el negocio con reglas claras, la intención se vuelve resultado.

La circularidad es un deporte de equipo. Y los equipos ganan cuando cada jugador sabe qué promete, cómo se mide y qué se lleva a casa si lo cumple. Lo demás es voluntarismo. Esto es gestión.

 

 

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