
¿Cuánto ganaste? ¿Y cuánto dejaste dañado?
Durante décadas, las empresas midieron su éxito con una vara simple: los resultados financieros. Rentabilidad, crecimiento, retorno para el accionista.

Durante décadas, las empresas midieron su éxito con una vara simple: los resultados financieros. Rentabilidad, crecimiento, retorno para el accionista.

Hay conceptos que se instalan con fuerza, pero con el tiempo se van diluyendo hasta convertirse en lugares comunes. Eso ha pasado con la “economía circular”

Hay preguntas que incomodan porque activan una verdad que ya sospechábamos. ¿Y si el verdadero problema de fondo no está en los residuos que generamos, ni en los materiales que usamos, sino en la forma misma en que diseñamos los negocios? ¿Y si el modelo lineal que nos enseñaron a gestionar está dejando de ser una ventaja competitiva y empieza a volverse una carga?

Vivimos una paradoja. Nunca había habido tantas empresas hablando de sostenibilidad, y al mismo tiempo, nunca había sido tan difícil distinguir quiénes están transformándose de verdad y quiénes solo lo aparentan. El greenwashing no es un problema marginal: se ha vuelto uno de los principales riesgos reputacionales del mundo empresarial actual.

En toda transformación empresarial seria hay un momento determinante: cuando deja de ser una iniciativa técnica o un esfuerzo funcional, y se convierte en una decisión estratégica.

Si algo está cambiando aceleradamente en el mundo empresarial es el entorno que define lo que se considera aceptable, legítimo y competitivo.

Nos han enseñado que reciclar es la gran solución a la crisis ambiental. Que si separamos la basura, usamos bolsas reutilizables y evitamos los plásticos de un solo uso, estamos haciendo nuestra parte.

La economía circular ya no es solo una moda: es una necesidad urgente para que el país avance hacia un desarrollo más sostenible. En Chile, donde hemos basado gran parte de nuestra economía en la extracción de recursos naturales, cambiar de modelo no es solo una buena idea, sino una cuestión de futuro.

Desde que se promulgó en 2016, la Ley de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) obliga a las empresas a hacerse cargo de los residuos que generan sus productos una vez que terminan su vida útil. Antes, estos desechos quedaban a merced de los municipios o se perdían en sistemas informales con tasas de reciclaje mínimas.

¿Sabías que en Chile se generan más de 19 millones de toneladas de residuos al año, pero solo reciclamos el 4%? Es un número que impacta. Mientras muchas empresas siguen operando con modelos tradicionales, hay otras que están viendo una oportunidad donde antes solo veían desechos.