
De la resiliencia operativa a la estrategia regenerativa
Durante años, la palabra de moda fue “resiliencia”. Planes de continuidad, redundancias, seguros, inventarios de seguridad, proveedores alternativos, simulacros.

Durante años, la palabra de moda fue “resiliencia”. Planes de continuidad, redundancias, seguros, inventarios de seguridad, proveedores alternativos, simulacros.

Hay números que funcionan como sirenas de incendio. Uno de ellos es el barril de petróleo a 150 dólares. No porque podamos predecir la fecha exacta —nadie puede—, sino porque la posibilidad es verosímil y sus efectos recorren silenciosamente toda la cadena de valor.

En algunas reuniones, la palabra “sustentabilidad” funciona como cortina de humo. Genera asentimientos, abre presentaciones, suma aplausos. Pero también despierta anticuerpos: “tema blando”, “costo extra”, “prioridad del próximo trimestre”.

En toda sala de comité hay un idioma que ordena la realidad: el de los indicadores. Lo que entra al tablero existe; lo que no, se vuelve anécdota. A veces, incluso, se vuelve sospechoso.

La idea se instaló sin mucha discusión: si se quiere impacto ambiental y social además del económico, habrá que pagar el doble o el triple.

En el papel, casi todo cierra. Un Excel bien armado siempre encuentra el ángulo desde el cual la transición parece razonable: un payback aceptable, un VAN positivo, una TIR que permite contar una buena historia.

Durante años, la sostenibilidad se intentó encajar en los bordes del negocio. Se cambió un material por otro, se bajó el gramaje, se lanzó un piloto de retorno, se comunicaron métricas nuevas.

Hay una escena que se repite en muchas empresas: equipos talentosos, metodologías pulcras, tableros de KPIs en tiempo real… y, sin embargo, la sensación de estar corriendo en una cinta. Más rapidez, más disciplina, más eficiencia; pero sobre un camino que ya no conduce a donde el negocio necesita ir.

Hay palabras que, por repetidas, empiezan a perder filo. “Economía circular” es una de ellas. En demasiadas mesas de directorio se la usa como sinónimo de sumar capas: más indicadores, más sellos, más reportes, más proyectos que nacen en los bordes del negocio y se anuncian con entusiasmo mientras el centro sigue funcionando igual.

Una de las barreras más frecuentes que veo en empresas que quieren avanzar hacia la economía circular no es la falta de ideas, ni de motivación, ni siquiera de presupuesto. Es la sensación de que el cambio es tan grande, tan estructural, tan transversal, que no se sabe por dónde empezar.