
Indicadores que frenan: lo que tu comité no está mirando
En toda sala de comité hay un idioma que ordena la realidad: el de los indicadores. Lo que entra al tablero existe; lo que no, se vuelve anécdota. A veces, incluso, se vuelve sospechoso.

En toda sala de comité hay un idioma que ordena la realidad: el de los indicadores. Lo que entra al tablero existe; lo que no, se vuelve anécdota. A veces, incluso, se vuelve sospechoso.

La idea se instaló sin mucha discusión: si se quiere impacto ambiental y social además del económico, habrá que pagar el doble o el triple.

En el papel, casi todo cierra. Un Excel bien armado siempre encuentra el ángulo desde el cual la transición parece razonable: un payback aceptable, un VAN positivo, una TIR que permite contar una buena historia.

Durante años, la sostenibilidad se intentó encajar en los bordes del negocio. Se cambió un material por otro, se bajó el gramaje, se lanzó un piloto de retorno, se comunicaron métricas nuevas.

Hay una escena que se repite en muchas empresas: equipos talentosos, metodologías pulcras, tableros de KPIs en tiempo real… y, sin embargo, la sensación de estar corriendo en una cinta. Más rapidez, más disciplina, más eficiencia; pero sobre un camino que ya no conduce a donde el negocio necesita ir.

Hay palabras que, por repetidas, empiezan a perder filo. “Economía circular” es una de ellas. En demasiadas mesas de directorio se la usa como sinónimo de sumar capas: más indicadores, más sellos, más reportes, más proyectos que nacen en los bordes del negocio y se anuncian con entusiasmo mientras el centro sigue funcionando igual.

Una de las barreras más frecuentes que veo en empresas que quieren avanzar hacia la economía circular no es la falta de ideas, ni de motivación, ni siquiera de presupuesto. Es la sensación de que el cambio es tan grande, tan estructural, tan transversal, que no se sabe por dónde empezar.

Durante años, hablar de sostenibilidad en una reunión de directorio era casi sinónimo de hablar de costos. Costos asociados a regulaciones, a cumplimiento, a inversiones en eficiencia o a reportabilidad. Pero esa narrativa está cambiando.

Cuando se habla de economía circular, muchas empresas piensan automáticamente en materiales, reciclaje o gestión de residuos. Pero en realidad, lo circular empieza mucho antes. Empieza con una pregunta incómoda: ¿Dónde están las ineficiencias estructurales de nuestro modelo de negocio actual?

Cuando hablamos de economía circular, rediseño de modelos de negocio o innovación regenerativa, el ejemplo inmediato —casi automático— suele venir del norte global. Países escandinavos, Alemania, Holanda, Canadá. Y sí, muchos avances importantes han salido de ahí. Pero reducir la conversación circular al hemisferio norte es un error estratégico, especialmente para quienes trabajamos en América Latina.