¿Tu estrategia circular termina en el tacho de reciclaje?
Circular no es reciclar: cómo diferenciar rediseño de mejoras operativas
Por Paolo Mazza – Fundador de mentecircular.
Una de las confusiones más extendidas —y también más peligrosas— en el mundo empresarial es la idea de que ser “circular” significa simplemente reciclar. Esa asociación limitada no solo empobrece el concepto, sino que retrasa transformaciones estratégicas que el negocio necesita abordar cuanto antes.
Reciclar es necesario, sí. Pero es apenas una parte de un sistema mucho más amplio. Reducir el peso de un envase, cambiar un insumo por otro biodegradable o instalar una campaña de reciclaje interno no convierte a una empresa circular. Son mejoras operativas. Importantes, valiosas, pero operativas.
La economía circular es otra cosa. Es un rediseño. Un cambio de lógica. Una reconfiguración profunda del modelo de negocio. Y por eso, no puede quedarse en la superficie.
1. El riesgo de confundir la estrategia con la táctica
Cuando confundimos lo circular con lo reciclable, terminamos invirtiendo energía en resolver consecuencias en lugar de causas. El foco se desplaza hacia la eficiencia del sistema actual, en vez de cuestionar la validez del sistema en sí.
Eso es lo que ocurre cuando, por ejemplo, una empresa lanza un nuevo envase 30% más liviano y lo comunica como una transformación circular. O cuando se sustituyen materiales sin revisar el modelo de consumo que los requiere. Son avances, pero están lejos de representar un cambio de paradigma.
La economía circular no es una táctica de sostenibilidad. Es una estrategia de rediseño. Una forma distinta de pensar cómo se crea, se entrega y se captura valor. Y para eso, hay que ir mucho más allá del punto de reciclaje.
2. ¿Qué es realmente rediseñar desde una lógica circular?
Rediseñar un modelo de negocio desde la circularidad implica mirar con otros lentes todo el sistema. No solo cómo se fabrican los productos, sino por qué, para quién, con qué insumos, bajo qué condiciones, con qué consecuencias sistémicas, y con qué posibilidad de ser devueltos o revalorizados.
Significa revisar las preguntas fundacionales:
• ¿Qué necesidad estoy satisfaciendo?
• ¿Podría satisfacerla con menos recursos?
• ¿Podría convertir un producto en un servicio?
• ¿Podría evitar el descarte ofreciendo mantenimiento, actualización, reacondicionamiento?
• ¿Qué tipo de relación tengo con los materiales que uso y con las personas que dependen de ellos?
Rediseñar no es maquillar. Es reconfigurar. Y ese proceso exige incomodidad, creatividad y coraje. Porque lo que está en juego no es solo la eficiencia operativa, sino la relevancia futura del negocio.
3. Señales de que estás en rediseño (y no solo en mejora operativa)
Para saber si una empresa está verdaderamente transitando hacia un modelo circular, hay ciertos indicadores que pueden servir de guía. No se trata de un checklist absoluto, pero sí de señales claras:
• Se están redefiniendo indicadores de éxito más allá del volumen o el ebitda.
• Se está explorando un cambio en el modelo de ingresos (pasar de vender productos a ofrecer servicios, suscripciones, etc).
• Se incorpora trazabilidad no solo para reportar, sino para rediseñar decisiones.
• El diseño de productos considera reparación, actualización, desmontaje y reutilización.
• Se cuestiona la necesidad de producir o se redefine la lógica de propiedad.
• La cadena de suministro participa activamente en co-crear nuevas soluciones.
• Se conecta la innovación con impacto regenerativo, no solo con diferenciación de mercado.
Si estas señales no están presentes, probablemente estamos frente a un proceso de mejora operativa. Que no es malo, pero que no basta.
4. El valor oculto de ir más allá del reciclaje
Hay empresas que llevan años invirtiendo en sistemas de reciclaje sin lograr generar verdadero impacto. ¿Por qué? Porque siguen atrapadas en el final del ciclo. Intentan capturar valor una vez que ya fue perdido. Intentan corregir un diseño que sigue generando descarte como parte estructural del modelo.
El verdadero valor de la economía circular no está en gestionar residuos. Está en evitar que existan. Y eso solo se logra si cambiamos cómo diseñamos, cómo vendemos, cómo operamos.
Las empresas que han dado este paso —y no son muchas aún— han descubierto nuevas fuentes de ingreso (servicios de retorno, reacondicionamiento, plataformas compartidas), han reducido costos estructurales (menos logística inversa, menos insumos críticos), y sobre todo, han construido vínculos más duraderos con sus clientes.
Porque cuando una marca deja de vender cosas para empezar a ofrecer soluciones, cambia la relación con el usuario. Deja de ser transaccional y se vuelve relacional. Y eso tiene implicancias profundas: fidelidad, lealtad, confianza, diferenciación.
5. Por qué seguimos atrapados en el reciclaje (y cómo salir de ahí)
Parte del problema está en cómo se nos ha enseñado sostenibilidad. Durante años, la narrativa se centró en reducir, reciclar, reutilizar. Tres erres poderosas, pero también limitantes si se toman como fin y no como punto de partida.
El reciclaje fue la forma más visible, más comunicable y más tangible de actuar. Pero también se volvió un atajo. Algo que tranquiliza conciencias sin cuestionar estructuras.
Salir de esa trampa requiere un cambio de mentalidad en toda la organización. No basta con que lo entienda el área de sustentabilidad. Lo tiene que entender quien diseña el producto, quien define el modelo comercial, quien gestiona compras, quien lidera innovación, quien aprueba presupuestos.
Cierre: si no rediseñas, solo estás postergando el problema
Mejorar es bueno. Optimizar es necesario. Pero si seguimos invirtiendo energía en corregir lo que el propio modelo genera como falla estructural, no estamos avanzando. Estamos parados.
La economía circular no se construye con residuos gestionados, sino con decisiones rediseñadas. Y esas decisiones no se toman solo por ética o reputación. Se toman por estrategia.
Porque lo que está en juego no es la imagen de sostenibilidad. Es la viabilidad del negocio. En un entorno de escasez, regulación creciente, consumidores conscientes y nuevas exigencias del capital, rediseñar no es un lujo. Es una obligación competitiva.
Reciclar está bien. Pero no alcanza. Y cuanto antes lo entendamos, más espacio tendremos para transformar lo que hacemos antes de que nos lo exijan desde afuera.
Paolo Mazza
Fundador de mentecircular.





