MENTECIRCULAR

Columna de Opinión

No necesitas un plan perfecto. Necesitas empezar

¿Cómo rediseñar sin paralizarse? Hoja de ruta para la transformación gradual


Por Paolo Mazza – Fundador de mentecircular.


Una de las barreras más frecuentes que veo en empresas que quieren avanzar hacia la economía circular no es la falta de ideas, ni de motivación, ni siquiera de presupuesto. Es la sensación de que el cambio es tan grande, tan estructural, tan transversal, que no se sabe por dónde empezar.

Ese bloqueo, esa parálisis estratégica, muchas veces se disfraza de prudencia. “Estamos esperando que se estabilice la regulación”, “aún no tenemos claro el retorno”, “nos falta un benchmark local”. Y mientras tanto, el tiempo pasa. El modelo sigue generando fugas, ineficiencias, impactos. Y lo peor: pierde oportunidades de transformación real.

En este artículo quiero compartir una mirada práctica para avanzar. Una hoja de ruta que no parte desde el Excel ni desde la retórica, sino desde la experiencia. Porque rediseñar un modelo de negocio hacia la circularidad no significa cambiar todo de golpe. Significa moverse con claridad, con foco y con una lógica de transición bien diseñada.

 

1. Entender el punto de partida (sin autoengaños)

 

Antes de trazar cualquier hoja de ruta, hace falta un diagnóstico honesto. ¿Dónde estamos realmente? ¿Cuánto sabemos de nuestra huella? ¿Qué parte del negocio genera mayor impacto negativo? ¿Qué áreas están listas para avanzar y cuáles no?

Este diagnóstico no puede ser superficial. No se trata solo de calcular emisiones o volumen de residuos. Se trata de entender cómo funciona el modelo: dónde se genera valor, dónde se pierde, quiénes se benefician, quiénes cargan con los costos ocultos.

Una empresa que no parte desde una foto clara y honesta corre el riesgo de construir una estrategia de rediseño sobre ilusiones o sobre parches. Y eso, tarde o temprano, se cae.

 

2. Definir una visión compartida (y creíble)

 

El siguiente paso es construir una visión de cambio. ¿Hacia dónde queremos movernos? ¿Qué entendemos por circularidad en nuestro contexto? ¿Qué tipo de negocio queremos ser en cinco o diez años?

Esta visión debe ser ambiciosa, pero también realista. Y sobre todo, compartida. No puede estar en un PowerPoint de sostenibilidad. Tiene que formar parte del lenguaje cotidiano de la empresa. Tiene que resonar en el comité ejecutivo, en los equipos operativos, en los socios estratégicos.

Una visión potente no es la que se memoriza. Es la que orienta decisiones. La que ayuda a decir que no a lo que distrae, y que sí a lo que construye el camino.

 

3. Identificar palancas de cambio concretas

 

Transformar todo al mismo tiempo no es viable. Por eso, una hoja de ruta circular requiere foco. ¿Dónde están las palancas de cambio más potentes, más visibles, más estratégicas?

Algunas empresas parten por rediseñar su portafolio de productos. Otras por su logística. Otras por su modelo de ingresos. No hay una receta única, pero sí hay criterios que pueden ayudar a priorizar:

• Impacto ambiental y social asociado.

• Potencial de reducción de costos o generación de ingresos.

• Visibilidad externa (lo que refuerza la narrativa).

• Factibilidad técnica y política dentro de la organización.

• Posibilidad de escalar o replicar.

Elegir bien esas primeras palancas es clave. Porque si se implementan con éxito, generan confianza, aprenden rápido, validan el proceso. Y eso genera tracción.

 

4. Diseñar pilotos de aprendizaje (no de validación)

 

Uno de los errores más comunes en los procesos de rediseño es esperar que todo funcione perfecto desde el inicio. Pero la economía circular no es un sistema cerrado. Es un sistema que se aprende en la práctica, que se adapta, que mejora con retroalimentación.

Por eso, los pilotos deben ser diseñados como espacios de aprendizaje, no como pruebas de fuego. Deben permitir experimentar, equivocarse, medir, ajustar. Deben tener indicadores, pero también apertura para repensar el enfoque.

Y sobre todo, deben estar conectados con el resto del negocio. Porque un piloto desconectado, por más exitoso que sea, no genera transformación. Se vuelve un caso bonito, pero aislado.


5. Invertir en capacidades, no solo en proyectos

 

Una hoja de ruta circular no puede ser ejecutada solo por consultores o equipos externos. Requiere desarrollar capacidades internas. Personas que entiendan la lógica circular, que puedan identificar oportunidades, que se animen a cuestionar lo establecido.

Esto implica formación, pero también estructura. Equipos interdisciplinarios, líderes con mandato claro, procesos que integren criterios de impacto en el diseño, en la compra, en la operación.

Transformar un modelo de negocio requiere cambiar de paradigmas, pero también los mecanismos de decisión. Y eso no se logra con capacitaciones puntuales, sino con un proceso sostenido de aprendizaje organizacional.

 

6. Comunicar con honestidad (y sin greenwashing)

 

A medida que la hoja de ruta se implementa, comunicar es clave. Pero no para lucirse, sino para construir legitimidad. La circularidad no es una medalla. Es un camino. Y ese camino tiene avances, retrocesos, dudas, conflictos.

Las empresas que comunican desde la verdad, que muestran lo que están probando, lo que aún no logran resolver, lo que aprendieron, generan más respeto que aquellas que solo muestran resultados perfectos.

La narrativa de cambio no debe estar solo en marketing. Debe estar en los reportes, en las conversaciones con proveedores, en la forma de responder ante errores. Porque la confianza no se construye desde la perfección. Se construye desde la coherencia.

 

Cierre: avanzar imperfectos, pero decididos

 

Rediseñar un modelo de negocio hacia la circularidad no es una línea recta. No se trata de tener todas las respuestas antes de comenzar. Se trata de tener la convicción de moverse. De dejar de postergar lo ineludible. De entender que esperar la condición ideal muchas veces es solo una forma elegante de no actuar.

La hoja de ruta perfecta no existe. Pero existe algo más poderoso: un proceso claro, iterativo, enfocado y alineado con el propósito de construir un negocio que tenga sentido económico, social y ambiental.

Y ese camino no parte con una gran inversión. Parte con una decisión. Con una pregunta que deja de ser retórica: ¿qué estamos esperando para empezar?



 

Paolo Mazza
Fundador de mentecircular.

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